El aire fresco de la mañana en Mineral de la Reforma se cuela por las ventanas del Hospital Veterinario con Garra, un espacio donde los ladridos y los maullidos no son ruido, sino una sinfonía de esperanza. Aquí nos recibe el Dr. Juan Miguel Trejo, coordinador del hospital, un hombre cuyas palabras reflejan la determinación de sacar adelante a los animalitos que llegan en busca de atención, cuidados y una nueva oportunidad de vida. Esa misma intención se percibe en la zona de recuperación, donde una perrita llamada Lola mueve la cola con un ritmo pausado pero persistente. Sus ojos siguen con calma a cada integrante del personal; ha superado su cuarentena y ahora espera, lista para comenzar un mejor capítulo.


La conversación, sin embargo, comienza por el lado más oscuro de la realidad que combaten. Frente a las denuncias por maltrato, el Dr. Trejo se apoya en la ley, citando con precisión el artículo 349 del Código Penal de Hidalgo. “Es aquella acción que pone en riesgo la vida de un animalito y un dolor generado de forma innecesaria”, explica, detallando las sanciones que van desde multas hasta años de prisión. Es un recordatorio solemne de que la indiferencia y la crueldad tienen, o deberían tener, un costo legal. Un costo que animales como Lola, afortunadamente, ya no tendrán que pagar.
Pero este hospital es, ante todo, una trinchera de construcción, no solo de sanción. Al preguntarle por los servicios, el coordinador despliega el mapa de una segunda oportunidad: consulta general, desparasitaciones, esterilizaciones y, el pilar fundamental, la adopción responsable. El proceso es minucioso, diseñado para romper el ciclo del abandono. “Se lleva a cabo una cuarentena”, describe, mientras en el patio, Lola olfatea, explorando con confianza renovada. “Valoramos signos de enfermedad, damos atenciones médicas y luego trabajamos su conducta para que sea un animal sociable”. El objetivo es claro: prepararlos para un hogar definitivo. Lola, con su comportamiento sereno, es el testimonio vivo de ese proceso.
¿Y cómo se garantiza ese “definitivo”? El proceso de adopción es un filtro de responsabilidad. Formato socioeconómico, fotos del domicilio, identificación y comprobante. No es burocracia, es cuidado. “Activistas dan seguimiento”, añade, destacando una red comunitaria que vela porque esa segunda oportunidad no se tuerza. Una oportunidad que Lola, hoy, está en perfectas condiciones de recibir. Su ficha lo confirma: es una hembra mestiza, extrovertida, sociable y saludable de 5 años, lista para llenar un hogar de alegría.
Al pedirle un mensaje para la ciudadanía, el doctor hace una pausa. Busca las palabras precisas. “Si nosotros podemos y estamos facultados para brindarle una segunda oportunidad a algún animalito que no la tuvo de primera instancia… súmense a la causa”. Es un llamado a engrandecer la conciencia social para tener “menos casos de abandono, menos casos de maltrato”. Un llamado que, si es escuchado, podría significar que para la próxima semana, Lola esté durmiendo en su propia cama, en un hogar.
El impacto del hospital, según su experiencia, es educativo. Cambia prácticas tradicionales nocivas por un criterio sólido: “Ellos tienen los derechos, nosotros las responsabilidades”. Y en ese “nosotros” incluye al alcalde Eduardo Medecigo, cuyo compromiso, afirma, se constata en la creación de este espacio que dignifica la vida de “un ser sintiente”. Espacios que permiten historias como la de Lola.
Los números hablan: 645 consultas y desparasitaciones desde su apertura, servicios gratuitos para víctimas de maltrato y cuotas simbólicas para el público en general, sin restricción municipal. Mientras el Dr. Trejo repasa algunos datos, su mirada se escapa hacia los pasillos. Allí, Lola, ya recuperada, acerca su cara hacia la mano del doctor. Es una de los muchos “lomitos” que han pasado del dolor a la espera, de la omisión a la atención. Pero en su caso, la espera tiene un matiz diferente: es la espera activa de quien está lista para partir.
Los números hablan por sí solos: 645 consultas y desparasitaciones desde su apertura, servicios gratuitos para víctimas de maltrato y cuotas simbólicas para el público en general, sin importar el municipio de origen. Mientras el Dr. Trejo revisa las estadísticas, su mirada se desliza hacia los pasillos. Allí, Lola —ya recuperada— asoma el hocico y roza con suavidad la mano del doctor. Es una de los muchos “lomitos” que han transitado del dolor a la esperanza, de la omisión al cuidado. Pero en su caso, la espera tiene un matiz distinto: es la espera atenta de quien ya está lista para comenzar una nueva vida.

Lo cierto es que historias como la de Lola se viven a diario en el Hospital Veterinario con Garra. Cada día, nuevos perritos llegan buscando una segunda oportunidad, y muchos otros —como ella— esperan pacientemente a la familia que cambiará su destino.
Te invitó a conocer a Lola y a todos los peluditos que actualmente se encuentran en el hospital. Puede hacerlo visitando la página oficial de adopciones del municipio:














