Arturo Moreno Baños
El Tlacuilo
Para matar a Emiliano Zapata tuvieron que mentirle, fingir lealtad, fusilar a 59 hombres como prueba de traición y regalarle un caballo. No pudieron hacerlo de frente porque era imposible. El Caudillo del Sur llevaba años sobreviviendo emboscadas, había esquivado a Victoriano Huerta, a Carranza, a todos, porque había hecho de la desconfianza casi una filosofía de vida.
Entonces el gobierno de Venustiano Carranza orquestó algo más elaborado: hizo correr el rumor de que el coronel Jesús Guajardo, apodado “El demonio de los ojos verdes”, había peleado con su superior Pablo González y quería desertar al bando zapatista.
Zapata mordió el anzuelo y le escribió a Guajardo invitándolo a incorporarse a las fuerzas zapatistas. En los últimos días de marzo y primeros de abril intercambiaron cartas. Guajardo fue muy cauteloso, pidió garantías, dio muestras de respeto y sobre todo ofreció miles de cartuchos para las carabinas zapatistas.
Para terminar de convencerse, Zapata le exigió una prueba de lealtad: que fusilara a un traidor llamado Victorino Bárcenas y a sus hombres. Guajardo se lo comunicó a Pablo González, quien buscó el aval del presidente Carranza, que inmediatamente dio su autorización. Guajardo fusiló a Bárcenas y a 59 de sus hombres. Cincuenta y nueve personas murieron para que Zapata creyera que alguien era su aliado.
El 9 de abril de 1919, Zapata y Guajardo se conocieron en persona por primera vez. Zapata lo felicitó por incorporarse a la causa del Plan de Ayala y brindaron.
Sabedor de que una de las grandes pasiones de Zapata eran los caballos, como muestra de buena voluntad Guajardo le regaló un alazán llamado “As de Oros”.
Al día siguiente, el 10 de abril de 1919, Zapata llegó a la Hacienda de Chinameca montado en ese mismo caballo que le había regalado el traidor, a recoger los cartuchos prometidos. Emiliano Zapata cruzó el dintel de la hacienda, se escuchó un clarín llamando a honores. Era la señal de ataque. En la azotea había tiradores ocultos que los atacaron sin piedad.
Zapata intentó sacar su pistola, pero un tiro se la derribó. Fueron 20 las balas que quitaron su vida. Guajardo montó en un caballo el cadáver de Zapata para llevárselo como prueba a Pablo González y después exhibirlo durante un día frente al ayuntamiento de Cuautla.
Carranza lo recompensó con el ascenso a general de división y 50 mil pesos en monedas de plata. Guajardo fue fusilado un año después, en julio de 1920, levantado en armas contra el nuevo gobierno. Según quienes lo conocieron, vivió arrepentido hasta el final.
Pero el que a hierro mata a hierro muere, ¿Cómo termino sus dias Guajardo?
Jesús María Guajardo fue apresado en Monterrey cuando se rasuraba en la casa de un amigo quien lo traicionó.
Guajardo era buscado, no por matar a Zapata sino por revelarse contra Adolfo de la Huerta en julio de 1920. Fue sentenciado al paredón, su última voluntad fue morir bien rasurado. Un barbero fue llevado al lado de Guajardo, el hombre no podía controlar los nervios, sus manos no dejaban de temblar.
Enojado, Guajardo le reclamó al barbero:
“no me vaya a cortar la cara ¡pendejo! ¿de que tiene miedo? si al que van a fusilar es a mi”.
Su hermana le llevó un traje negro y un puro, cuando se lo fumó, le dijo al pelotón:
“No más no me vayan a pegar en la cara”.
La vanidad estaba antes que el miedo.














