Arturo Moreno Baños
El Tlacuilo
En una conversación a veces surge irremediablemente el tema de lo costoso que se encuentran los insumos para cocinar.
Y es ahí donde se sorprenden los compradores de lo costoso que esta comprar jitomate, increíble. ¿Qué pensarían si supieran que el jitomate en siglos pasados no solo era costoso adquirirlo sino mortal?
Analicemos:
Cuando el jitomate llegó a Europa desde América en el siglo XVI, muchos aristócratas cayeron enfermos después de comerlo. Algunos, de hecho, murieron. Los botánicos consideraron que la planta era pariente de la belladona y afirmaron que el tomate era venenoso. Incluso, llegaron a llamarlo “manzana envenenada”.
Durante más de doscientos años, ningún rico se atrevió a probarlo. Los pobres, en cambio, lo comían sin problemas, pero a nadie le importaba lo que ellos comían.
La paradoja tenía una explicación química.
Los aristócratas usaban platos de peltre, un metal con alto contenido de plomo. La acidez del jitomate reaccionaba con el plato y liberaba el plomo en la comida, provocando envenenamiento. Los campesinos, que comían en platos de madera o barro, nunca enfermaban por causa del tomate. Así nació el mito: la fruta que MATABA A LOS RICOS, pero respetaba a los pobres.
Con el paso del tiempo, el jitomate se volvió más y más común en los mercados, tanto que los médicos y botánicos comenzaron a cuestionar su toxicidad. Al mismo tiempo, los aristócratas, empezaron a abandonar la peligrosa vajilla de peltre por la porcelana, eliminando así la verdadera causa del envenenamiento.
Para finales del siglo XVIII, en países como Italia, el jitomate ya se incorporaba a salsas, pizzas y guisos sin temor, y así pasó a ser uno de los ingredientes más populares de la cocina mundial.
Ojo: El jitomate es una fruta desde el punto de vista botánico porque se desarrolla a partir de la flor y contiene semillas. Sin embargo, en la cocina y nutrición se clasifica como una verdura (hortaliza) debido a su sabor salado/ácido y su uso en platillos salados.
En cuanto a la piña en el siglo XVII, uno de los lujos más grandes que el dinero podía comprar era una piña… aunque nadie las comía, sino que las exhibían como un trofeo. Existe una pintura en donde se observa al jardinero real John Rose de rodillas ante el rey Carlos II de Inglaterra, presentándole una piña, el regalo más lujoso de aquel entonces.
Las piñas eran tan exóticas y costosas en Europa porque, al importarlas desde América, la mayoría se pudría en altamar. Así mismo, se las veía como un símbolo del poder colonial: quien mostraba una piña, presumía su conexión con la conquista.
De este modo, las familias adineradas que no podían comprarlas las alquilaban por horas para exhibirlas en sus banquetes. De ahí que cuando se dice “Es pura piña” se refiere a una mentira.
Los registros históricos de Londres y Ámsterdam revelan que un alquiler nocturno podía costar hasta 10 libras, el salario de meses de un artesano. Finalmente, esta práctica declinó cuando el comercio colonial abarató las piñas en el siglo XVIII y hoy, el alquiler de piñas para ser presumidas, se recuerda como uno de los episodios más absurdos de la historia.














