by Lauren A. Altamira
Hay cosas que desde el inicio sabes que no son para ti. No porque alguien te lo diga. No porque haya una señal clara. Sino porque se sienten… peligrosas.
Como esos amores que no llegan en calma, llegan en fuego. Que no se construyen poco a poco, se consumen rápido. Que no te dan certeza, te dan vértigo.
Muy Besos de Cristal. Bonitos. Intensos. Adictivos. Pero imposibles de sostener sin salir lastimado.
Porque hay personas que no saben querer sin romper algo en el proceso. No porque sean malas… sino porque están rotas en lugares que todavía no entienden.
Y entonces aman como pueden.
A ratos.
A medias.
A su forma.
Una forma que confunde más de lo que construye.
Te besan como si sintieran todo… y desaparecen como si no sintieran nada.
Te dicen lo que quieres escuchar… y hacen exactamente lo contrario.
Te acercan lo suficiente para que te quedes… pero nunca lo suficiente para que te sientas seguro. Y tú ahí. Sabiendo. Porque sí lo sabes.
Sabes que no es sano. Sabes que no es estable. Sabes que no es lo que quieres a largo plazo. Pero se siente demasiado fuerte como para soltarlo fácil. Porque no todos los amores te rompen lento.
Algunos te rompen bonito.
Con besos suaves… que cortan después. Con momentos que parecen reales… pero no duran. Con promesas que no se dicen… pero se sienten.
Y eso engancha.
Engancha más que lo sano, más que lo estable, más que lo claro.
Porque hay algo en ti que quiere creer que esta vez va a ser distinto. Que esta persona va a cambiar. Que lo que sientes es suficiente para sostenerlo todo.
Pero no lo es. Nunca lo es cuando solo uno está sosteniendo. Y ahí es donde duele más.
No cuando se acaba.
Sino cuando te das cuenta de que nunca fue lo que tú creías. Que te enamoraste de momentos, no de una realidad. De sensaciones, no de certezas. De una intensidad… que no sabía quedarse. Y entonces entiendes por qué le dicen así.
Besos de cristal.
Porque brillan, sí.
Porque se sienten, sí.
Porque te hacen pensar que valen la pena… hasta que se rompen. Y cuando se rompen, no se van en silencio. Se quedan en forma de herida.
Te enseñan, aunque no querías aprender así.
Que no todo lo que te toca… te cuida. Que no todo lo que te enciende… te construye. Que no todo lo que se siente increíble… es amor.
A veces solo es caos con buena química. Y crecer —aunque cueste— es dejar de romantizar eso.
Es dejar de elegir lo que te desordena solo porque te hace sentir vivo.
Es entender que no necesitas intensidad para validar lo que sientes.
Es elegir algo que no tengas que sostener con miedo de que se rompa en cualquier momento.
Porque al final…
no importa qué tan bonito brille algo… si cada vez que lo tocas, te deja sangrando.













